
La pequeña luz roja por fin se había dado cuenta de lo pequeña que era, más aún que un foco de extensión navideña. Un pequeño y brillante punto rojo que ahora se empezaba a extinguir. Ya no importaba. Nada le quedaba de todos modos. Ya no había victoria qué ganar y todo lo perdido había sido suficiente como para no querer continuar.
La habitación se hacía cada vez más pequeña. No se distinguían sus dimensiones debido a todas esas sombras que habían esperado intimidantes el mínimo paso en falso de nuestra protagonista para devorarla. Sentía en su corazón cómo empezaban a jugar con sus rayos. Ni tu peor fobia tallándose contra tu nariz describiría el sentimiento que llenaba lo que quedaba del puntito de luz.
Incendios, lluvias, amaneceres y puestas de sol era todo lo que extrañaba. Todo lo que había hecho y todo lo que había estado dentro de ella. Palabras, sonidos, todo. Todas esas ilusiones que la inspiraron, todos esos sueños que él había despertado en ella. Todo lo que él había matado en ella.
Aquellos fantasmas negros estaban listos, lentamente acercándose, amenazando con extinguirla. Se despegaban de las paredes, caían del techo y se levantaban del piso de la habitación. Cada vez más cerca, más cerca. La pequeña luz roja no hizo más que cerrar los ojos y abrazarse para protegerse. Un segundo después aquellas sombras se habían fundido con ella.
Silencio... qué silencio... La pequeña luz roja encontró el coraje para abrir los ojos. No lo había perdido, ni todo aquello que pensó jamás recuperaría. Siempre estuvo enfrente de ella, pero olvidó qué tenía, y también qué buscar. La habitación, ahora inundada de luz, había tejido la mejor farsa de aquella larga penumbra. No había habitación. Todo este tiempo nuestra protagonista había estado suspendida en la nada de su todo, y en el todo de su nada.
Al parpadear salió una última lágrima negra que cayó en su mano. El puntito de fuego la contempló. Veía ahora tan claro todo. Había olvidado creer. La puso entre sus dos palmas y sonriendo le dijo:
"Tu intento de robarme lo que es mío para aumentar tu tamaño no hizo más que hacerte más negra y pequeña de lo que ya eras.
Tu eres obscuridad que mi fuego nunca podrá iluminar.
No puedes continuar siendo mi inspiración.
Mi corazón se pudriría y yo empezaría a sangrar mierda.
Espero encontrar lágrimas por las que sí valga la pena despertarme el alma.
Adiós."
Dejó caer esa lágrima, la cuál cayó sin encontrar fondo, desapareciendo en el vacío.
Dicen que la bolita de fuego se aparece aveces por las noches, dando calor y luz a los incrédulos. Y que no solo recupera toda su luz, sino que llegará a brillar aún más que antes.
FIN
-B.