
(sueño de la madrugada del día 17 de Agosto. Nota: No pude regresar a dormir después de esto.)
So, había una vez una simpática, alegre, intensa e inteligente princesa que vivía moderadamente feliz rodeada de sus amiguitos del bosque (pájaros, ratas, lagartonas, lechoncitos, ánimas de bosque en gral.) Sus doncellas eran medio bestias también, pero parecían más hadas madrinas... anyway.
La muy idiota siempre andaba metida en lugares que el Rey y la Reina no pensaban eran los correctos para ella. Nuestra protagonista siempre se había sentido dueña de ella, por lo que se había dedicado a disfrutar de lo que la llenaba y hacía feliz, pero le hacía falta ese "algo" que alguna vez creyó tener y terminó en masacre, pero no hablemos de ello, que es otro cuento.
So, una noche, la Pinche Bruja (o Dios, o el destino, o la vida pero necesitamos a un malo en la historia) andaba de ociosa y vio de lejos a nuestra alegre protagonista y se dijo para sí misma: "Suficiente tranquilidad para esta, ya le hace falta un desmadrito a su vida. Si no, se nos aburre" A las Brujas les encanta chingar. Sin pensarlo dos veces, lanzó el maléfico hechizo:
"Tus ojos han de perder, tu corazón ha de cambiar,
Tu corazón irás a ceder, lágrimas has de derramar."
Los ojos de nuestra princesita se habrían de enamorar del primero que viera. Su corazón habría de cambiar de elemento al derramar una lágrima por él. El segundo renglón no tenía sentido aparente.
(A la Bruja le gustaba hacer que sus pendejadas rimaran, era... rapera... raperra... reperra).
Él estaba en frente de ella. Ella se enamoró. Amarguras se endulzaron. Dulzuras se amargaron. Días llenos de noches y noches llenas de días fueron el escenario. El final llegó temprano, el principio llegó tarde.
A la primera lágrima, la princesa sintió cómo su ♡ era ligero y flotaba gentilmente. El aire que lo formaba la empujó a volar sobre terrenos que creía muertos. Hasta que empezó el pesar.
Se había tornado de acero, todo todito. Era fuerte, persistente y necio. Soportó 27 años de guerras, murió dos veces (le ganó a la muerte en la primera ocasión y revivió de la nada a la segunda); seguía sincero y enterito.
Para cuando el ♡ de la Princesa se había tornado de madera, empezó a aferrarse al Príncipe, el cuál por alguna extraña razón empezaba a atrapar moscas para después tragarlas. La princesa había visto peor con sus doncellas so, no le prestó demasiada atención y le agradeció a la diversidad humana.
El ♡ de la Princesa se había empezado a tornar de piedra para mediados de año, lo cuál la estaba poniendo medio bruta, desilusionada y hostil con el resto de la raza humana y con su persona.
Una tarde lluviosa, el pecho de la Princesa comenzó a arder: su ♡ se había incendiado. Ahora era de fuego. Besó al príncipe, el cual de forma cagada se convirtió en un sapo gordo, baboso y feo.
"Esta no es mi forma real. Tu tienes la culpa de esto. Tu corazón me ha convertido en esto que no soy" - dijo de forma poco convincente el Sapito.
"No mames" -lo interrumpió la Princesa- "Me parecía raro lo de las moscas pero esto explica lo baboso."
La Princesa intentó de una manera y otra regresar a ""su príncipe a su estado original, consumiéndose de dolor al ver que sus besos no lo lograban.
Cuándo llegó un punto en el que la Princesa aparte de bruta había empezado a desconocer a los demás y hasta a ella misma, la Bruja se dio cuenta que rimar a lo bestia al hacer hechizos no era como hacer rap. Nuestra protagonista no era más que la sombra de una ilusión consumida por dolor, tristezas, y ansiedad (y canciones de Kelly Clarkson y fucking Christina Aguilera).
La culera de la Bruja decidió aparecerse y le ofreció a la Princesa convertir su ♡ por última vez.
El fuego se convertiría en hielo, su ♡ dejaría de sentir. Y así fue. Pero las brujas nunca dejan de chingar, está en su naturaleza, y no, nunca cambian.
Mientras la Princesa iba gélida por la vida, el calor de su cuerpo empezó a derretir su corazón poco a poco.
Un buen día sintió cómo su ♡ se ahogó . Siendo de agua, este cayó deshecho al piso.
Desconsolada y vacía yacía en el piso, contemplando en dónde y cómo había terminado. El Señor Sol se apiadó de ella. Lanzó cachondos rayos al piso, los cuales al tocar al deshecho órgano lo evaporaron, convirtiéndolo en una brisa cálida que rozó la cara de nuestra protagonista para después elevarse y desaparecer en el cielo risueñamente.
La Bruja siguió jodiendo vidas.
Al Sapito lo besó otro animal y se volvió a sentir príncipe.
Nuestra Princesita va por la vida cantando, desilusionada, mirando al cielo, buscando dónde quedó su ♡.
Y ya.
=)
-B.
P.D. no puedo creer que no usé las palabras "sangre" ni "amor" en esto.
